El plagio es una violación ética: el acto de presentar las palabras, ideas o trabajos creativos de otra persona como propios sin la debida atribución. Se rige por códigos de honor académicos, estándares profesionales y expectativas de la comunidad, más que por la ley. Se comete plagio cuando no se menciona al autor original, independientemente de si el material está protegido por derechos de autor.
El plagio se aplica a todo tipo de producción intelectual: texto escrito, ideas orales, datos de investigación, diseños visuales, composiciones musicales y código de software. El elemento clave es el engaño: hacer pasar un trabajo prestado como original. Incluso parafrasear sin citar constituye plagio, ya que se reivindica la idea de otra persona como propia, aunque se hayan utilizado palabras diferentes.
La infracción de derechos de autor es una violación legal: la reproducción, distribución o exhibición no autorizada de material protegido por la ley de derechos de autor. La protección de los derechos de autor es automática: desde el momento en que una obra original se fija en un medio tangible (escrita, grabada, codificada), el creador posee los derechos exclusivos sobre ella. La infracción ocurre cuando alguien utiliza esa obra sin el permiso del titular de los derechos de autor.
La ley de derechos de autor ofrece recursos legales específicos, como medidas cautelares, indemnizaciones y, en algunas jurisdicciones, sanciones penales. A diferencia del plagio, la infracción de derechos de autor no depende de si se ha acreditado al creador original. Se puede citar correctamente una fuente protegida por derechos de autor y aun así infringirlos si se reproduce una parte excesiva de la obra sin permiso o sin una defensa válida de uso legítimo.
La diferencia fundamental radica en la naturaleza de la infracción. El plagio se basa en la atribución: no citar la fuente. La infracción de derechos de autor se basa en el permiso: usar material protegido sin autorización. El plagio es impuesto por instituciones (universidades, editoriales, organizaciones profesionales), mientras que los derechos de autor son impuestos por tribunales y sistemas legales.
Se pueden plagiar obras de dominio público (que no están protegidas por derechos de autor); por ejemplo, copiar un pasaje de Shakespeare sin comillas es plagio, pero no una infracción de derechos de autor. Por el contrario, se pueden infringir los derechos de autor citando correctamente la fuente: reproducir un artículo completo con derechos de autor y atribuirlo íntegramente sigue violando los derechos exclusivos de reproducción del autor. Comprender esta distinción es fundamental tanto para escritores académicos como para creadores de contenido.
En muchos casos reales, el plagio y la infracción de derechos de autor ocurren simultáneamente. Cuando un estudiante copia un párrafo de un artículo de una revista con derechos de autor sin citarlo, comete plagio (sin atribución) y una infracción de derechos de autor (reproducción no autorizada). El mismo acto desencadena una infracción ética, gestionada por la institución, y una posible demanda legal por parte del titular de los derechos de autor.
La superposición es más común en publicaciones y textos profesionales. Un periodista que copia pasajes de otra publicación comete ambos delitos. Una empresa que copia textos de marketing del sitio web de la competencia comete ambos delitos. En estos casos, el plagiario puede enfrentarse a sanciones institucionales, daños a la reputación y acciones legales; las consecuencias se acumulan en lugar de compensarse.
Las consecuencias legales de la infracción de derechos de autor pueden ser considerables. En Estados Unidos, las indemnizaciones por daños y perjuicios pueden alcanzar los 150.000 dólares por obra infringida en casos de infracción intencionada. La Unión Europea, el Reino Unido y la mayoría de las demás jurisdicciones ofrecen marcos jurídicos similares con sanciones variables. Incluso la infracción involuntaria puede acarrear responsabilidad legal, aunque las sanciones pueden ser menores.
El plagio, en cambio, no conlleva sanciones legales directas, a menos que también constituya una infracción de derechos de autor. Sin embargo, las consecuencias en contextos institucionales pueden ser fatales para la carrera profesional: expulsión de programas académicos, retractación de artículos publicados, pérdida de licencias profesionales y daño permanente a la reputación. En algunos casos, el plagio en contextos comerciales (como la redacción fantasma fraudulenta) puede dar lugar a demandas por incumplimiento de contrato.
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Las herramientas de detección de plagio sirven como primera línea de defensa contra el plagio y la infracción de derechos de autor. Al identificar pasajes que coinciden con fuentes existentes, herramientas como el Detector de Plagio marcan el contenido que podría requerir la debida atribución (para evitar el plagio) y la revisión de permisos (para evitar la infracción de derechos de autor). El Informe de Originalidad muestra exactamente dónde se solapa su texto con las fuentes publicadas.
La función de detección de referencias ayuda a distinguir el material correctamente citado de las coincidencias no citadas, abordando así el problema del plagio. En cuanto a los derechos de autor, los enlaces a las fuentes del informe permiten identificar a los propietarios del contenido original para que se pueda evaluar si su uso se considera legítimo o requiere permiso. Realizar una comprobación de plagio no sustituye el asesoramiento legal, pero es un primer paso esencial para identificar posibles problemas antes de la publicación.